jueves, 19 de marzo de 2015

Hermosos animales salvajes


Ahora que todos los mapas del cielo
están escritos en la palma de la mano.
Que la linea del horizonte se oculta
bajo las letras de un cartel luminoso.
Que usamos cubiertos bañados en plata
para no sentir el tacto de la muerte ajena.
Que la custodia de un futuro mejor
la cedimos olvidando toda responsabilidad.
Que permitimos a los ojos y a los labios
olvidar el canto erótico que tienen los besos.
Que nuestros defectos y nuestros miedos
se esconden tras una foto de perfil retocada.
Ahora que permanecemos quietos
para no quedarnos sin asiento
en el juego de las sillas de la sociedad.
Yo propongo:
Asaltar los bancos de la codicia ajena
y no hacer prisioneros.
Andar descalzos los caminos desnudos
y sentir como late la tierra.
Aprender a desorientar todas las brújulas
para que no nos digan donde está el norte.
Comer sin más utensilios que las manos
carne pasada por fuera y cruda por dentro.
Recuperar el poco tiempo que nos queda
y ponerlo a salvo del tic tac de los relojes.
Sentarnos en círculos frente a las brasas
y matar palabra a palabra al yo impuesto.
Y sobre todo
no olvidar nunca
que una vez fuimos
hermosos animales salvajes.


                                                           Los dos últimos versos han sido robados
                                                           del poemario Los dormidos de Rodrigo Garrido Paniagua
                                                           poeta y amigo.

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